Había esperado el momento oportuno para poder escribir sobre ti y la forma tan catastrófica que fue nuestro amor.
Tuvimos la oportunidad de poder serlo todo pero decidimos dejar que nuestros egos tomaran el control y perdiéramos la oportunidad de nuestras vidas.

Todo empezó aquel 12 de mayo en el que robaste mi atención con esa mirada, con esos ojos tan profundos como el mar y tan inmensos como el cielo; recuerdo bien que en el primer momento me hiciste imaginar una vida juntos, una casa, dos hijos, un perro y yo haciendo el desayuno para ti.
Desde el día uno estaba dispuesta a darlo todo para poder estar juntos por siempre, solo que no supe como.

Pasaron los días y cada llamada, cada sonrisa y cada mirada nos iban envolviendo en una relación que estoy segura ninguno de los dos imaginaba que terminaría así. Fue hasta el primer momento en el que me mostraste que algo no estaba bien en ti, empezaste a querer controlar cada movimiento y me hiciste aceptar “culpas” que no me correspondían.

¡Estas hablando con alguien mas!

Desde que llegó a la telefonía móvil, siempre he utilizado WhatsApp como una plataforma de comunicación para el trabajo, familia y algunos amigos, el problema no era que tuviera WhatsApp, el problema eran los hombres con los que en tu mente hablaba; juro por mi vida que nunca hablé con nadie más que no fuera de trabajo y los pocos amigos hombres que tenía me hiciste alejarlos de mi vida.
Nunca nadie antes había atentado así contra mi privacidad y sin embargo accedí, por tonta y porque pensé que eso arreglaría el problema y confiarías en mi, pero nunca es suficiente.

¡Subes fotos para alguien más!

Durante toda mi vida activa en redes sociales me ha gustado compartir fotos, ya sea mías o de los lugares que visito, siempre como una forma de conservar esas fotos ahí ya que son momentos en los que me sentía bien.
El problema fue cuando no pudiste entender que no era que quisiera que mil hombres me dijeran que estoy hermosa, era simplemente la acción de compartir con conocidos que un día me sentí bien; pero una vez más te di la razón y quise cambiar eso para ganarme tu confianza pero fallé, una y mil veces, pero todo fue porque jamás pude pensar de la forma en la que tu lo hacías, jamás pude ver esa maldad en mis propias acciones porque nunca fue así.
Nunca fue subir una foto para “alguien más”, siempre fue subir una foto para alimentar mi amor propio o al menos intentarlo.

La violencia verbal y psicológica

Aún sigo sin saber con exactitud cuántas veces me llamaste o insinuaste que yo era una “prostituta”, sólo por subir una foto mía sonriendo, por ser amable con alguien y que en tu mente todo esto fuera estar coqueteando con alguien; sigo sin poder sacarme de mi mente y mi corazón todas esas veces que me dijiste “jódete” y sigo sin resanar las heridas de todas las veces que me castigaste con no hablarme y no contestar mis llamadas.
Abusaste de mi buen corazón para alimentar tus egos y poder estar por encima de mi, pisoteaste mi dignidad y lo que más me duele es que te lo permití.

Para este punto estaba ya completamente desgastada y devastada, ya no quería intentarlo pero siempre estaba tu maldita sonrisa deambulando en mi mente y me hacía quererlo intentar una vez más aún sabiendo que ya todo estaba perdido y que no había nada que yo pudiera hacer para que pudieras confiar en mi.

Decidí dejarte ir, así como me lo pediste en un montón de mensajes y mi error fue buscar a alguien más, es por eso que ahora soy yo la mala de esta historia, todo por querer encontrar a alguien que me diera el amor y respeto que merezco y que no pudiste darme por estar fabricando historias en tu mente y gracias a esas historias ahora estoy con alguien más cuando eras tu la persona que yo quería para mi vida y sé que es este maldito pensamiento tóxico sobre el amor que aún me tiene pensando en que pudiera ser, pero no, ya no quiero seguir con la ansiedad que me causaba tu amor; ahora solo quiero estar tranquila y sé que volveré amar y será diferente porque será un amor sano.

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