Una vez más sentada en mi escritorio viendo como pasa el día por mi ventana, un día más de la semana sin saber con exactitud cual es; cierro mi laptop intentando desconectarme de mis labores en la oficina y poder disfrutar el resto del día.

Me arrojo sobre la cama abrazando el enorme oso de peluche que se adueña del lado de la cama que debería corresponderte, me aferro a él con la intención de traerte junto a mi, aún sabiendo que no será así. Recostada mirando fijamente a la ventana hasta que las luces de mi cuarto coloreen cada rincón, como una forma de colorear lo gris de las noches sin poder vivir.

Hay algunas noches que suelo imaginar que estoy en un avión volando directo a alguna hermosa ciudad de todas aquellas que he marcado en ese viejo mapa en mi pared, que se desvanece con cada día que pasa.
Mirando fijamente hacia el rincón donde tengo mi consola de video juegos que absurdamente adquirí como una forma de estar más cerca de ti; pero ahora solo me recuerda que estás más lejos de lo que físicamente ya estabas.

Son las 8:35 pm, hora de bajar a la cocina para preparar ese insípido té que promete hacerme dormir mejor, ¿pero cómo podría dormir mejor si no puedo estar donde quisiera estar?; intento agregar algo de dulzor a mi té con un poco de miel mientras la disuelvo como por cinco minutos, mientras me vuelvo a imaginar alguna de esas historias que compartimos mientras preparaba la cena y hacías tus caras de disgusto con cada vegetal que agregaba.

De nuevo en mi cama, recostada en el pecho de mi oso de peluche, escuchando una y otra vez la canción que me recuerda que la vida es tan simple y ordinaria como el amor que me juraste.
A la mitad de mi té tomo un poco de aliento y valor para querer salir del pozo en el que me dejaste; trato de buscar un amor que realmente valga la pena todas estas noches que he trabajado en arreglar y reparar mi roto corazón, pero solo encuentro un montón de egos queriendo amar, entonces vuelvo a caer.

El último sorbo de mi té, mirando fijamente como las luces pasan del rojo, rosa, amarillo, verde y azul en segundos, me pregunto si realmente algún día podré estar sentada en la banca de alguna extraña ciudad tomando un café con alguien que sea lo suficientemente estable para construir sueños extraordinarios.

Pero primero debería arrancarme las promesas insípidas de tu amor tan ordinario.

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