“Nadie, absolutamente nadie de las personas que conoces en la vida son coincidencia, todos tienen algo que aportar a tu crecimiento personal y espiritual, todos tienen un propósito y un por qué…”

No me gustaría profundizar en los detalles de cómo apareció en mi vida Braulio, pero digamos que fue como dicen por ahí: “vine buscando cobre y encontré oro”. Había decidido que era el momento en mi vida de empezar a buscar conexiones, más que entablar una relación buscaba el encontrar una buena plática, una amistad y por qué no algo más; estaba convencida en que necesitaba moverme de lugar para poder encontrar o quizás dejarme encontrar.

Recuerdo cuando vi su fotografía, con esa sonrisa hermosa, las perfectamente imperfectas líneas de sus ojos cuando sonríe, sin exagerar podría decirles que me perdí por un instante, era tan cálida, tan hogareña, que fue una invitación abierta a entrar, decidí hablarle y dejar todos los prejuicios y miedos atrás, estaba segura muy dentro de mi que algo bueno pasaría y así fue.

Cuando respondió mi mensaje comencé a sonreír de una manera tan patéticamente adorable que sabía que todo iba por buen camino, que era un buen inicio, había una sensación dentro de mi que me decía “inténtalo una vez más, ¿qué puede salir mal?”. Así que decidí no tener más miedo, decidí tener la seguridad en mi misma y ser tal cual soy; debo confesar que antes me aterraba la idea de mostrarme tal cual era, pero me di cuenta que cuando estas realmente seguro de ti mismo no hay nada que pueda contra ello, es el mejor atractivo para alguien que sabe lo que quiere en la vida, así fue como pudimos conectarnos, desde nuestras seguridades y por eso cada paso se siente tan firme que ni siquiera me detengo para mirar atrás, sólo sé que voy hacia donde quiero y es todo lo que importa.

Cada uno de nosotros somos completamente distintos y cuando conoces a una persona empiezas a aprender a leerla, como si fuera tu libro favorito, linea por línea e inclusive entre líneas; así fue como empecé a aprender a leer a Braulio, entendí que sus “tal vez” era un “sí”, que escucha más de lo que habla y que a veces no necesita decir nada con esa sonrisa que va de oreja a oreja dice más que mil palabras.

Nunca terminas de conocer a una persona, afortunadamente tengo todo el tiempo del mundo para aprender a leerlo entre líneas, para memorizar cada uno de sus gestos y conocer sus días malos, así como los buenos, él dice que es una conexión del alma y creo que tiene toda la razón o quizás deba decir “tal vez”.

Compartir en:
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email

También te puede gustar:

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *