Some days I feel broke inside but I won’t admit,
Sometimes I just wanna hide ‘cause it’s you I miss,
And it’s so hard to say goodbye when it comes to this

Hurt – Christina Aguilera

No hay dolor más grande que perder a una persona que amas y vaya que la vida me ha puesto una y otra vez en esa misma situación, sí, duele demasiado…

No hay amor más grande que el de un padre por sus hijos, durante muchos años estuve peleada con esta frase, tenía mucho coraje por mi padre, por situaciones que no me correspondían, por cosas que no eran mías, por heridas que no me pertenecían. Odié tanto a mi padre que me alejé mucho tiempo de él, cuando me llamaba ignoraba sus llamadas, cuando me enviaba un mail, lo ignoraba y sólo lo buscaba cuando necesitaba algo, sí, eso hacía por odio, un odio que mi madre me inculcó.

Mi odio duró aproximadamente 20 años, hasta que llegó el día que más aterraba en mi vida, perder a mi padre, debo confesar que siempre decía que no me iba a doler tanto, pero no, no fue verdad.

1 de Diciembre 2016, estaba en mi oficina trabajando, de pronto mi hermana me envió un mensaje sorpresivo, preguntándome si estaba bien y en dónde me encontraba, a lo que yo respondí que me encontraba en la oficina y todo estaba muy bien, aunque no por mucho tiempo.
Me dijo que papá estaba muy grave en el hospital, que había tenido un accidente y que aunque había salido de lo más grave había algo más.

Recuerdo que la última vez que vi a mi papá estaba tan fuerte, tan entero, siempre elegante, muy bien peinado y el olor de su colonia favorita, nunca, nunca me imaginé verlo tan frágil, era como mi super héroe, siempre fuerte e indestructible, aunque quizás nunca se lo hice saber.

Perder a mi padre ha sido algo de lo que marcó un inicio y un fin en mi vida, el fin de una vida llena de odios sin fundamentos y el inicio por valorar el amor incondicional.
Mi padre me enseñó que no se necesita estar todo el tiempo físicamente con una persona para demostrarle lo mucho que le amas, mi padre me enseñó también que el amor de la pareja no influye en el amor a los hijos, de mi padre aprendí que no importaba que sólo lo viera ciertos días de la semana, siempre había amor, no importaba cuántos días pasaran sin verlo o saber de él, el amor seguía intacto.

Recuerdo una vez mi terapeuta me preguntó: – ¿Te hubiera gustado que tu papá nunca se hubiera separado de tu mamá?, a lo que respondí: – ¡Claro, hubiera sido diferente!; formuló la pregunta nuevamente: – ¿Te hubiera gustado que tu papá se quedara con ustedes sabiendo que no era feliz?, ahí entendí todo. Claro está que me amaba y estoy segura que hubiera deseado estar conmigo todos los días a todas horas, pero no amaba a mi madre y obligarlo a quedarse en un lugar donde quería estar hubiera sido peor, porque no puede haber amor en un lugar en donde no hay respeto, en donde sólo hay reproches, en algún punto todo esto lo consumiría y lo haría explotar.

Tal vez mi padre no fue el mejor de todos, tuvo mucho errores y quizás lastimó mucho a mi madre, no lo sé, no tengo recuerdos de nada de eso, lo único que yo recuerdo de mi padre es que siempre fue respetuoso, nunca habló mal de nadie, siempre se preocupaba por mi y cuando más lo necesitaba, estaba ahí, siempre ahí.

Hubiera deseado que mi madre nunca me hubiera hablado sobre los problemas maritales de ella con mi padre; los hijos no tienen porque saber nada sobre la relación de pareja que tienen sus padres, eso le corresponde a los padres, cada vez que tu le hablas mal sobre tu pareja a tu hijo, infundes odio, un odio que en realidad es tuyo, no lastimes el futuro de tus hijos hablándole mal sobre su padre, demuéstrale que el amor también es dejar ir, pero que sin importar en dónde se encuentren, siempre van a ser sus padres.

Un hijo no debe ser utilizado como excusa para retener a un hombre, cada vez que lo haces siembras odio, miedos e inseguridades.

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